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La hepatitis A es una infección viral contagiosa que inflama el hígado, causada por el virus de la hepatitis A (VHA).
Aunque en la mayoría de los casos el cuerpo elimina el virus por sí solo sin daño hepático a largo plazo, en algunas situaciones, especialmente en adultos mayores o personas con enfermedades hepáticas preexistentes, puede generar complicaciones graves.
La buena noticia es que se puede prevenir de manera eficaz y segura mediante la vacunación.
A continuación, le explicaremos todo lo que necesita saber sobre la hepatitis A: desde qué es y cómo se transmite, hasta sus síntomas, tratamiento y, lo más importante, por qué la vacunación es su mejor defensa contra esta enfermedad.
La hepatitis A es una enfermedad hepática provocada por el VHA. Este virus se propaga principalmente por la vía fecal-oral. Esto significa que una persona puede infectarse al ingerir alimentos o agua contaminados con heces de una persona infectada.
La hepatitis A es una infección hepática altamente transmisible y con presencia a nivel global. Su origen radica en el virus de la hepatitis A (VHA), un microorganismo que tiene al ser humano como su único reservorio natural. Es importante señalar que la intensidad y manifestación de los síntomas están directamente vinculadas a la edad del paciente.
Actualmente, se posiciona como la causa número uno de hepatitis viral aguda. Sus patrones de contagio suelen presentarse de manera esporádica (representando entre el 40% y el 50% de los reportes médicos) o bien, desencadenando brotes epidémicos.
A diferencia de las variantes B y C, el virus de la hepatitis A no evoluciona hacia una enfermedad hepática crónica y su tasa de letalidad general es baja.
Sin embargo, no debe subestimarse: la infección puede provocar cuadros sumamente debilitantes y, en situaciones críticas, derivar en una hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), una complicación clínica que sí conlleva un alto riesgo de mortalidad.
El impacto de esta patología trasciende la salud física individual, generando consecuencias sociales y económicas severas a nivel comunitario:
La principal ruta de propagación de esta infección hepática es la conocida vía fecal-oral. Este mecanismo biológico se produce cuando un individuo sano ingiere agua o consume alimentos que han sido contaminados con rastros de heces pertenecientes a un paciente infectado.
Dentro del hogar, esta cadena de transmisión suele desencadenarse por prácticas deficientes de higiene. Específicamente, ocurre con gran frecuencia cuando el miembro de la familia responsable de manipular y preparar la comida lo hace con las manos sucias (portando partículas virales invisibles), contaminando así los alimentos que el resto del núcleo familiar va a ingerir.
Esta afección hepática de origen viral tiene un espectro clínico muy amplio, presentándose desde cuadros médicos leves hasta escenarios de extrema gravedad.
A nivel global, la incidencia sigue siendo alarmante: se estima que cada año se registran cerca de 1.4 millones de contagios por el virus de la hepatitis A.
Como se destacó previamente, aunque esta infección no evoluciona hacia una enfermedad hepática crónica (a diferencia de las variantes B y C) y su letalidad general es baja, tiene el potencial de desencadenar síntomas altamente debilitantes.
En sus manifestaciones más severos, puede derivar en una insuficiencia hepática aguda, una complicación que sí conlleva una alta tasa de mortalidad.
Las estadísticas epidemiológicas para nuestra región revelan un panorama de salud pública que exige atención inmediata. De manera anual, las estimaciones para Latinoamérica y el Caribe calculan:
Una vez que el virus ingresa al organismo, el periodo de incubación promedia los 28 días (con un rango variable que va desde los 15 hasta los 50 días). Es importante señalar que entre un 20% y un 40% de los infectados transitarán la enfermedad de manera asintomática. Sin embargo, la severidad de los síntomas tiende a agravarse considerablemente a mayor edad o si el paciente ya presenta alguna patología hepática previa.
Cuando la infección se manifiesta clínicamente, suele desarrollarse en las siguientes etapas:
Se trata de la manifestación más extrema y grave de la enfermedad. Aunque su incidencia estadística es baja, presentándose únicamente entre el 0.015% y el 0.5% de todos los pacientes contagiados, representa una verdadera emergencia médica. Las personas de la tercera edad y aquellos individuos que ya padecen una enfermedad hepática subyacente conforman el grupo de mayor riesgo ante esta complicación.
El propósito fundamental de este biológico es proteger al organismo contra la infección de la hepatitis A y bloquear el desarrollo de sus complicaciones clínicas.
Si bien en el ámbito médico internacional existen dos variantes distintas de esta inmunización, en México se utiliza exclusivamente la vacuna de virus inactivados.
Para garantizar una protección precisa y adaptada a la edad de cada paciente, esta fórmula se encuentra disponible en las clínicas del país bajo dos presentaciones específicas: una dosis pediátrica (infantil) y una dosis formulada para adultos.
Las pautas médicas preventivas sugieren la inmunización universal para cualquier persona a partir de los 12 meses de edad (1 año de vida).
Sin embargo, la aplicación de este biológico se considera de carácter prioritario y urgente para aquellos individuos que presentan una mayor vulnerabilidad al contagio, ya sea por su entorno laboral, su estilo de vida o su historial clínico. Estos grupos de alto riesgo incluyen:
1. Por riesgo ocupacional (Exposición laboral):
2. Por exposición directa o estilo de vida:
3. Por vulnerabilidad clínica:
Este biológico se aplica de forma segura mediante una inyección por vía intramuscular. El calendario de vacunación dependerá completamente de la edad del paciente y del tipo de fórmula elegida en el consultorio:
La indicación médica principal sugiere iniciar la inmunización a partir del primer año de vida. Este protocolo consta de dos dosis exactas:
Si el paciente no recibió la protección durante su infancia, no hay problema: puede aplicarse en cualquier momento de su vida. En este escenario, el esquema general sigue requiriendo dos aplicaciones, las cuales deben separarse por un intervalo mínimo de 6 meses (generalmente entre 6 y 18 meses de diferencia entre una dosis y otra).
Existe una alternativa muy solicitada que protege contra ambas variantes del virus en una sola fórmula. Si el paciente o el médico optan por esta vacuna combinada, el calendario requiere de tres dosis que se administran bajo la regla "0, 1 y 6". Es decir:
El impacto de este virus a nivel global es masivo. De acuerdo con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente cerca de 1.4 millones de personas contraen esta afección hepática en el mundo.
Sin embargo, el riesgo geográfico no es uniforme: mientras que naciones como Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda y los países de la Unión Europea presentan un riesgo bajo, el resto del planeta está clasificado como zonas de endemicidad moderada a alta.
La vulnerabilidad de la población radica en la facilidad de transmisión del virus. Se calcula que entre el 70% y el 90% de los contagios ocurren por la ingesta de alimentos o agua contaminados (vía fecal-oral). Los principales detonantes de estos brotes incluyen:
Epidemiológicamente, México se cataloga como una nación de alta incidencia y endemicidad intermedia (lo que significa que el riesgo de adquirir la enfermedad varía drásticamente dependiendo de la región geográfica y sus condiciones sanitarias).
Este contexto plantea un riesgo crítico desde la infancia: al ingresar a la etapa escolar, solo entre el 50% y el 60% de los niños (5 o 6 de cada 10) han desarrollado anticuerpos protectores. Esto deja a un 40% de la población infantil completamente desprotegida y en riesgo inminente de infección.
Lo más alarmante es que, si esta población sin inmunidad llega a la adolescencia o a la adultez y contrae el virus, sus probabilidades de desarrollar una hepatitis fulminante se disparan.
A nivel nacional, los registros oficiales contabilizan aproximadamente 16,000 casos de hepatitis A al año (una tasa de 19 por cada 100,000 habitantes).
No obstante, los expertos en salud advierten que existe un enorme subregistro: por cada paciente diagnosticado, se estima que hay entre dos y cuatro casos nuevos que pasan desapercibidos (ya sea por ser asintomáticos o por no acudir al médico).
Por lo tanto, la incidencia real en el país es hasta cuatro veces mayor de lo que reflejan las estadísticas oficiales.
La inmunización no es una medida aislada, sino el pilar de cualquier estrategia integral orientada a la prevención y el control definitivo de las hepatitis virales.
A nivel poblacional, el diseño de programas de vacunación a gran escala exige un análisis económico riguroso y debe complementarse siempre con medidas preventivas adicionales, tales como la optimización de los sistemas de saneamiento y la educación sanitaria para promover una higiene adecuada.
Es una realidad que el progreso socioeconómico sostenido a largo plazo disminuye drásticamente las tasas de transmisión del virus, principalmente gracias a las mejoras en la infraestructura sanitaria. Sin embargo, en diversas regiones globales este avance sigue siendo demasiado lento.
Ante este panorama, no prevenir resulta sumamente costoso: los gastos médicos (tanto directos como indirectos) y los recursos destinados a las medidas de contención de la infección representan una carga financiera y operativa devastadora para la sociedad y para el bolsillo del paciente.
Afortunadamente, la medicina preventiva actual cuenta con diversas fórmulas vacunales de altísima eficacia que garantizan una protección inmunológica duradera, aplicables tanto en la población adulta como en la infantil (a partir de los 12 a 24 meses de edad).
Particularmente en aquellos países donde la hepatitis A continúa siendo un desafío prioritario de salud pública, la inmunización oportuna se consolida como la intervención médica más rentable, segura y efectiva para frenar el impacto de esta enfermedad.
El perfil de seguridad de este biológico está ampliamente respaldado a nivel global, con millones de dosis administradas exitosamente. La evidencia médica confirma que la fórmula es excelentemente tolerada por el organismo, descartando cualquier relación significativa con la aparición de efectos adversos de gravedad.
El nivel de protección que ofrece esta inmunización es sobresaliente. Durante los ensayos clínicos previos a su comercialización en población de 2 a 16 años, la efectividad demostrada osciló entre el 94% y el 100%. Asimismo, un estudio masivo que evaluó a 40,000 menores de entre 1 y 6 años de edad reconfirmó una sólida eficacia del 94%.
Una gran ventaja de esta vacuna es su versatilidad clínica: puede coadministrarse sin problemas con el resto de los biológicos incluidos en el esquema de inmunización rutinario, así como con las vacunas que se prescriben habitualmente para los viajeros internacionales.
Sin embargo, existen dos contraindicaciones médicas muy claras para su aplicación:
Como ocurre con cualquier proceso de inmunización, el cuerpo puede presentar síntomas transitorios y muy leves mientras desarrolla los anticuerpos protectores:
No todas las personas infectadas presentan síntomas, especialmente los niños pequeños. Cuando los síntomas aparecen, suelen hacerlo de 2 a 7 semanas después de la exposición al virus y pueden incluir:
Si presentas alguno de estos síntomas, lo más recomendable es que acudas con un médico para tener un diagnóstico preciso y tratar la enfermedad cuanto antes para evitar complicaciones.
Las formas más comunes de contagio incluyen:
No existe un tratamiento específico para la hepatitis A. El manejo de la enfermedad se centra en el reposo, una nutrición adecuada y la hidratación para aliviar los síntomas mientras el cuerpo combate la infección.
La prevención es, sin duda, la mejor estrategia. Además de mantener una buena higiene, como lavarse las manos frecuentemente, la vacunación contra la hepatitis A es la forma más segura y eficaz de protegerse.
Y tú, ¿ya te vacunaste contra la hepatitis A?
La hepatitis A es una enfermedad infecciosa del hígado causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Este virus provoca una inflamación aguda en el hígado que puede afectar su funcionamiento y causar síntomas como ictericia, fatiga y náuseas.
Vacunarse contra la hepatitis A es importante porque la enfermedad, aunque generalmente no es crónica, puede causar insuficiencia hepática aguda, una complicación grave y potencialmente mortal, especialmente en adultos. La vacuna es segura, muy eficaz y la mejor forma de prevenir la infección y sus posibles consecuencias.
La vacuna contra la hepatitis A se recomienda para varias personas, especialmente para:
Niños: Se administra de forma rutinaria a todos los niños entre los 12 y 23 meses de edad.
Viajeros: Personas que planean viajar a países donde la hepatitis A es común.
Personas con enfermedad hepática crónica: Incluyendo hepatitis B o C, ya que tienen mayor riesgo de complicaciones graves.
Personas que anticipan tener contacto cercano (por ejemplo, miembros del hogar).
Para una protección completa y a largo plazo, el esquema consiste en dos dosis. La segunda dosis se debe administrar entre 6 y 18 meses después de la primera.
Contamos con todas las vacunas que necesitas para cada etapa de la vida.
Los efectos secundarios suelen ser leves e incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección. En raras ocasiones, pueden ocurrir reacciones más graves.
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