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El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo virus que causa la varicela.
Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus permanece inactivo en el sistema nervioso.
El herpes zóster ocurre cuando el virus se reactiva, causando una erupción dolorosa que generalmente aparece como una franja de ampollas en un lado del cuerpo.
Aquí te explicaremos todo lo que debes saber acerca del herpes zóster: desde qué es, cómo lo puedes contraer, sus síntomas, cómo tratarlo, algunas recomendaciones para evitarlo y por qué es importante vacunarte contra esta enfermedad.
El responsable es el virus varicela-zóster (VVZ), un microorganismo que pertenece a la familia de los herpesvirus (la cual cuenta con 8 tipos conocidos).
Este virus tiene presencia a nivel mundial y es el causante de dos afecciones: la varicela durante el primer contacto (primoinfección) y el herpes zóster a través de reactivaciones posteriores.
Después de superar la infección inicial por varicela, el virus no desaparece del cuerpo; en su lugar, permanece inactivo (latente) alojado en los ganglios sensoriales.
Si las defensas del sistema inmunológico descienden, ya sea por el proceso natural de envejecimiento, el uso de ciertos fármacos o el padecimiento de otras enfermedades, este virus dormido puede despertar, originando el cuadro de herpes zóster.
Su secuela más importante es la neuralgia postherpética (NPH), la cual se caracteriza por un dolor persistente en la región afectada que se prolonga por más de un mes, incluso después de que las erupciones de la piel han sanado.
Aunque la ciencia médica aún no comprende en su totalidad el mecanismo inmunológico que mantiene al VVZ en estado de latencia, se han identificado claros factores de riesgo para su reaparición. Entre ellos destacan:
Es fundamental destacar que, en pacientes inmunocomprometidos, el zóster tiene el potencial de diseminarse. Esto puede provocar lesiones cutáneas de forma generalizada y comprometer gravemente órganos vitales como el hígado, los pulmones y el sistema nervioso central.
El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo virus que causa la varicela.
Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus permanece inactivo en 2 el sistema nervioso.
El herpes zóster ocurre cuando el virus se reactiva, causando una erupción dolorosa que generalmente aparece como una franja de ampollas en un lado del cuerpo.
Esta afección se manifiesta principalmente a través de una erupción cutánea sobre una base inflamada, con un aspecto muy parecido al de la varicela.
Suele ser sumamente dolorosa y brota siguiendo el trayecto de un nervio sensitivo específico.
Con mayor frecuencia, afecta el recorrido de los nervios lumbares o torácicos, lo que significa que las lesiones rodean de manera lineal un solo lado del tórax o la espalda.
No obstante, también puede surgir en áreas como la cabeza, el rostro, el abdomen, las extremidades superiores e inferiores.
Lesiones y síntomas generales
Para los pacientes que gozan de un sistema inmunológico sano, estas ampollas suelen secarse en un lapso de 7 a 10 días.
La aparición de nuevas lesiones después de la primera semana de síntomas ocurre únicamente en personas con algún nivel de inmunodeficiencia.
Es importante señalar que menos del 20% de los afectados experimentan síntomas sistémicos considerables, tales como fiebre, fatiga, dolor de cabeza o malestar general.
El dolor: el síntoma clínico principal
Al causar una neuritis aguda (inflamación del nervio), el síntoma predominante es el dolor. De hecho, cerca del 75% de las personas sienten dolor en la zona afectada antes de que se haga visible la erupción.
Este malestar puede presentarse de forma intermitente o constante, adelantándose a las lesiones cutáneas por días o incluso semanas, y tiende a prolongarse más en pacientes de edad avanzada.
Clínicamente, los pacientes lo describen como un dolor punzante, lacerante o quemante, a veces desencadenado por el simple roce o tacto, aunque en ciertos casos inicia simplemente como una picazón intensa.
Complicaciones graves
En cuanto a las complicaciones, la más habitual es la neuralgia postherpética. Se trata de un dolor crónico en la zona del brote que continúa mucho después de que las lesiones de la piel han sanado.
Es una secuela sumamente angustiante para la cual hoy en día no existe una terapia médica completamente efectiva, pudiendo prolongarse un año o más tras el episodio agudo.
Adicionalmente, si el virus afecta el nervio ocular (zóster oftálmico) u otros órganos, pueden derivarse secuelas severas, aunque menos comunes, que incluyen daño en la córnea o ceguera.
Los síntomas del herpes zóster suelen comenzar con dolor, ardor, hormigueo o picazón en un área de la piel, generalmente en un lado del cuerpo.
Después de unos días, aparece una erupción de ampollas que se llenan de líquido y luego forman costras.
La erupción suele seguir un patrón en forma de franja o cinturón.
Otros síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza, fatiga y sensibilidad al tacto.
En algunos casos, el herpes zóster puede causar complicaciones graves, como neuralgia posherpética (dolor persistente después de que la erupción desaparece), problemas oculares o pérdida de audición.
Estrictamente hablando, el herpes zóster no se transmite de una persona a otra.
Su aparición se debe al virus de la varicela-zóster que el paciente contrajo durante la niñez. Este virus permanece inactivo (latente) alojado en los ganglios sensoriales y, al presentarse una baja en las defensas del sistema inmunológico, se reactiva desencadenando el cuadro de herpes zóster.
Actualmente, la medicina preventiva cuenta con dos alternativas principales para protegerte frente al herpes zóster:
Las pautas de inmunización varían dependiendo de la fórmula o tipo de biológico que se utilice:
1. Vacuna recombinante con adyuvante
Esta opción está recomendada para dos grupos poblacionales:
Adultos a partir de los 50 años de edad.
Personas desde los 18 años que presenten una vulnerabilidad o riesgo elevado de desarrollar la enfermedad*.
*Nota clínica: el nivel de riesgo debe ser evaluado siempre por tu médico tratante. Esta recomendación es de vital importancia para pacientes con el sistema inmunológico comprometido (inmunodeficiencia o inmunodepresión), ya sea a causa de un tratamiento o de una enfermedad subyacente. Esto incluye a personas que viven con VIH, pacientes oncológicos, receptores de trasplantes (de células hematopoyéticas u órganos sólidos), así como individuos con trastornos inflamatorios y autoinmunes, entre otras condiciones.
2. Vacuna de virus vivos atenuados
Su aplicación está indicada exclusivamente para adultos de 50 años en adelante.
Se estima que entre un 15% y un 20% de los pacientes que padecieron varicela en el pasado enfrentarán una reactivación del virus en forma de herpes zóster al llegar a la etapa adulta.
Este evento clínico ocurre con mucha mayor frecuencia a partir de los 60 años, edad en la que las defensas naturales de nuestro sistema inmunológico comienzan a debilitarse frente al virus.
Adicionalmente, contraer esta afección a una edad avanzada eleva considerablemente el peligro de desarrollar cuadros clínicos graves.
Entre estos riesgos destacan la necesidad de ingresos hospitalarios, el zóster oftálmico (afectación directa en el ojo) y diversas complicaciones nerviosas.
De todas las secuelas, la neuralgia postherpética es, con diferencia, la más común y temida. Se define como un dolor crónico y persistente en el área exacta donde surgieron las lesiones cutáneas originales.
La gravedad de esta complicación radica en su duración completamente impredecible: el sufrimiento puede extenderse por días, semanas, meses, años, o lamentablemente, nunca desaparecer por completo, dependiendo del organismo de cada individuo.
El nivel de protección varía significativamente dependiendo del tipo de biológico administrado. A continuación, desglosamos la evidencia clínica de cada opción:
1. Vacuna Recombinante con Adyuvante (Alta Efectividad)
Esta alternativa destaca por sus elevados porcentajes de protección, manteniendo una respuesta inmunológica robusta incluso en edades avanzadas:
2. Vacuna de Virus Vivos Atenuados
Esta fórmula presenta niveles de protección más conservadores y dependientes de la edad del paciente. Su eficacia general frente a la enfermedad es del 51.3%, mientras que previene la neuralgia postherpética en un 66.5%.
Contraindicaciones médicas Importantes
Para garantizar la seguridad del paciente, es vital conocer las restricciones de cada vacuna:
Precauciones para la vacuna recombinante con adyuvante:
Contraindicaciones estrictas para la Vacuna Viva Atenuada:
Esta opción no debe administrarse bajo ninguna circunstancia en los siguientes casos:
La vacuna contra el herpes zóster es la mejor manera de prevenir la enfermedad y sus complicaciones.
Se recomienda para adultos mayores de 50 años, incluso si ya han tenido varicela.
Consulta con un profesional de la salud para determinar cuál vacuna es la más adecuada y para resolver cualquier duda.
Si se sospecha de herpes zóster, es crucial buscar atención médica de inmediato.
El tratamiento antiviral temprano puede reducir la duración y la gravedad de la enfermedad, así como el riesgo de neuralgia posherpética.
El tratamiento puede incluir medicamentos antivirales, analgésicos y otros medicamentos para aliviar los síntomas.
El dolor del herpes zóster puede ser intenso. Se pueden utilizar analgésicos de venta libre o recetados para aliviar el dolor.
En casos de neuralgia posherpética, pueden ser necesarios tratamientos adicionales, como medicamentos para el dolor nervioso o terapias de estimulación nerviosa.
Evitar el contacto directo con personas que nunca han tenido varicela, especialmente mujeres embarazadas, bebés y personas con sistemas inmunológicos debilitados, hasta que las ampollas hayan formado costras.
Mantener una buena higiene, lavarse las manos frecuentemente.
El herpes zóster, conocido también como culebrilla, es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela.
Tras superar la varicela, el virus permanece inactivo en el sistema nervioso y, en ocasiones, se reactiva años después, causando una erupción dolorosa de ampollas que suelen aparecer en un lado del cuerpo.
La vacunación contra el herpes zóster es importante porque reduce significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad y sus complicaciones, especialmente la neuralgia posherpética, que causa dolor crónico intenso.
Además, la vacuna disminuye la gravedad de la erupción y otros síntomas, mejorando la calidad de vida de los adultos mayores, quienes son más susceptibles a esta infección y sus consecuencias.
La vacuna contra el herpes zóster se recomienda principalmente para adultos mayores de 50 años, ya que el riesgo de desarrollar la enfermedad y sus complicaciones aumenta con la edad.
También se aconseja para adultos con sistemas inmunológicos debilitados, independientemente de su edad, debido a que tienen un mayor riesgo de sufrir un herpes zóster más grave.
Es importante consultar con un profesional de la salud para determinar si la vacuna es adecuada, especialmente si se tienen antecedentes de alergias graves o ciertas condiciones médicas.
La vacuna contra el herpes zóster se administra en dos dosis, con un intervalo de 2 a 6 meses entre ellas.
Esta pauta se recomienda para adultos mayores de 50 años, independientemente de si han tenido varicela o herpes zóster previamente.
No se requieren dosis de refuerzo adicionales después de completar la serie de dos dosis.
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Los efectos secundarios suelen ser leves e incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección. En raras ocasiones, pueden ocurrir reacciones más graves.
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