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La hepatitis B es una grave infección viral que ataca al hígado, causada por el virus de la hepatitis B (VHB).
Es una enfermedad que requiere atención médica, ya que puede convertirse en una afección crónica y potencialmente mortal, llevando a complicaciones como cirrosis o cáncer de hígado.
Si bien existen tratamientos para controlar el virus, se puede prevenir de manera segura y eficaz con la vacuna contra la hepatitis B.
Aquí te explicaremos todo lo que debes saber acerca de la hepatitis B: desde qué es, cómo se transmite, sus síntomas, cómo se maneja, algunas recomendaciones para evitarla y por qué es crucial vacunarte contra esta enfermedad.
La hepatitis B es una infección hepática altamente contagiosa y con presencia a nivel global. El patógeno responsable de esta afección es el virus de la hepatitis B (VHB), un microorganismo que tiene como reservorio y huésped exclusivo al ser humano.
Clínicamente, cabe destacar que la intensidad y el tipo de síntomas que experimenta el paciente están directamente condicionados por su edad.
Esta infección tiene la capacidad de desarrollarse tanto en una etapa aguda como en una forma crónica, teniendo el potencial de desencadenar complicaciones médicas sumamente severas. Aunque ninguna persona está exenta, los diagnósticos de esta infección se presentan con mayor frecuencia en la población de adultos jóvenes.
El virus requiere vías específicas de exposición para propagarse. Los contagios ocurren principalmente a través de:
El virus de la hepatitis B (VHB) es altamente infeccioso y se propaga cuando fluidos corporales contaminados ingresan al organismo de una persona sana. Las principales vías de transmisión documentadas son:
A nivel mundial, el impacto epidemiológico de esta infección es verdaderamente alarmante. Las estimaciones médicas actuales indican que aproximadamente 257 millones de individuos viven con una infección crónica por el virus de la hepatitis B (diagnosticados al dar positivo al antígeno de superficie del VHB).
Para dimensionar su gravedad, tan solo en los registros del año 2015, esta patología fue responsable de 887,000 defunciones a nivel global, la inmensa mayoría derivadas de sus estadios clínicos más avanzados y severos.
El verdadero peligro de contraer este virus radica en la posibilidad de que la infección se vuelva crónica, lo que abre la puerta a complicaciones letales para los millones de portadores en el mundo. Entre las secuelas más graves destaca el daño hepático irreversible (cirrosis).
Sin embargo, la complicación de mayor riesgo es el desarrollo de neoplasias (tumores cancerígenos). La evidencia científica ha logrado determinar que el virus de la hepatitis B es el agente causante directo en el 80% de los casos de carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado).
Este altísimo nivel de letalidad convierte al VHB en un agente oncogénico (causante de cáncer) sumamente agresivo, siendo superado en su capacidad para provocar esta enfermedad únicamente por el consumo de tabaco.
Una vez que el virus (VHB) ingresa al cuerpo, la enfermedad puede manifestarse en diferentes estadios, cuya gravedad dependerá en gran medida de la edad del paciente y del tiempo que el patógeno permanezca en su sistema.
Tras un periodo de incubación silencioso que puede durar desde unas cuantas semanas hasta seis meses, aproximadamente el 70% de los infectados cursará esta etapa de manera asintomática o con molestias mínimas.
El 30% restante (conformado en su mayoría por pacientes adultos) desarrollará un cuadro clínico visible que se divide en tres periodos:
Se trata de una manifestación excepcionalmente grave que afecta a menos del 1% de los contagiados. A pesar de su baja incidencia, representa una verdadera emergencia médica, ya que su tasa de letalidad es altísima (provocando la muerte en el 60% al 93% de los casos).
Se diagnostica cuando el virus no es eliminado por el sistema inmune y persiste en el torrente sanguíneo durante más de medio año (6 meses). Durante esta fase, la persona se convierte en un portador activo capaz de transmitir la enfermedad, aunque puede vivir décadas sintiéndose completamente asintomático.
El factor de riesgo más crítico para desarrollar esta cronicidad es la edad en la que se contrae la infección:
Consecuencias de la etapa crónica: De los adultos que llegan a esta fase, entre un 20% y un 30% terminarán sufriendo cirrosis o cáncer de hígado. El desenlace es severo: las estadísticas médicas calculan que el 25% de los pacientes contagiados en la infancia y el 15% de los infectados en edad adulta pierden la vida a causa de estas graves complicaciones hepáticas.
El propósito central de esta inmunización es proteger al paciente contra la infección y bloquear el desarrollo de sus graves complicaciones hepáticas. Para lograrlo de forma segura, todas las fórmulas disponibles actualmente en el mercado médico están elaboradas a base del antígeno proteico purificado HBsAg (mejor conocido como antígeno de superficie de la hepatitis B).
Para absoluta tranquilidad del paciente, es vital aclarar cómo funciona esta tecnología médica: este biológico no está compuesto por el virus completo. A diferencia de otras inmunizaciones, su fórmula no contiene cepas vivas atenuadas ni virus inactivos. La vacuna está desarrollada única y exclusivamente a partir de las proteínas del virus, lo que hace biológicamente imposible que la inyección pueda provocar la enfermedad.
La directriz médica y preventiva fundamental establece que la inmunización contra este virus debe ser de carácter universal, recomendándose su aplicación para todas las personas desde el momento de su nacimiento.
Sin embargo, la administración de este biológico se clasifica como una prioridad absoluta y de carácter urgente para aquellos grupos que presentan una mayor vulnerabilidad al contagio. Estas poblaciones de alto riesgo se dividen en:
El protocolo de inmunización requiere la aplicación de tres dosis para garantizar una protección total y a largo plazo.
El calendario exacto varía dependiendo de si el paciente es un recién nacido o si se trata de una persona que inicia su protección en otra etapa de la vida:
El calendario de inmunización ideal para los bebés consta de tres aplicaciones precisas:
Si el paciente no recibió la protección durante su etapa infantil, puede iniciar el protocolo preventivo en el momento que lo decida. Este esquema también exige tres aplicaciones, estructuradas bajo la regla clínica de los meses "0, 1 y 6":
El nivel de propagación y la letalidad de este virus lo convierten en una de las mayores amenazas de salud pública a nivel global. De acuerdo con las estimaciones oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el panorama es abrumador:
Las consecuencias de esta cronicidad son devastadoras. Anualmente, el virus provoca cerca de 780,000 defunciones a nivel mundial, derivadas principalmente de complicaciones terminales como la cirrosis y el cáncer de hígado.
El daño estructural que este patógeno causa a los órganos es tan agresivo que, tomando como referencia las estadísticas médicas en Europa, se calcula que entre el 5% y el 10% de todos los trasplantes de hígado realizados en dicho continente son consecuencia directa de la infección por el VHB.
Más allá del daño hepático tradicional, la comunidad médica clasifica a la hepatitis B como un agente oncogénico de altísimo riesgo (un poderoso detonante en la aparición de tumores).
De hecho, la evidencia científica demuestra que este virus es el segundo factor favorecedor de cáncer más importante y agresivo para el ser humano, posicionado únicamente por debajo del consumo de tabaco.
La infección por el virus de la hepatitis B incide con mayor frecuencia en la población de adultos jóvenes. A nivel global, la exposición a este patógeno es masiva y se clasifica en tres niveles de endemicidad:
El virus tiene la capacidad de alojarse en todas las mucosas y secreciones corporales del paciente, incluyendo la leche materna. La transmisión ocurre principalmente por el contacto con fluidos biológicos mediante las siguientes rutas:
Derivado de estas vías de contagio, la inmunización es vital para los adictos a vías intravenosas, personas que conviven en el mismo entorno con individuos infectados, pacientes hemofílicos, personas en tratamiento de diálisis y, de forma crítica, el personal de salud (principalmente aquellos que por su labor puedan estar en contacto con sangre, fluidos corporales y derivados).
En la actualidad, se documentan millones de enfermos con hepatitis B en el mundo. Estos pacientes corren el riesgo de desarrollar complicaciones gravísimas (como la cirrosis) si la enfermedad logra establecerse de forma crónica.
La segunda complicación de mayor impacto es el desarrollo de neoplasias. Hasta la fecha, la ciencia ha determinado que el virus de la hepatitis B es el agente causante directo en el 80% de los casos de carcinoma hepatocelular. Esto lo convierte en un agente oncogénico (provocador de cáncer) sumamente agresivo, siendo superado en su capacidad oncogénica de manera exclusiva por el tabaco.
Esta inmunización destaca por su alta efectividad en la prevención de la enfermedad. Su mecanismo de acción consiste en generar una respuesta de anticuerpos dirigida específicamente contra las proteínas de superficie (HBsAg). Esto impide que el patógeno logre unirse a las células del hígado, bloqueando así la infección.
La estrategia médica más eficiente para controlar esta enfermedad es la vacunación universal, enfocada tanto en recién nacidos y lactantes como en los grupos clasificados de riesgo.
Al completar el esquema de 3 dosis (administradas bajo la pauta de los meses 0, 1 y 6), se logra que entre el 95% y el 98% de las personas desarrollen niveles óptimos de anticuerpos protectores (antiHBsAg > 10mUI/ml).
El alto nivel de seguridad clínica está garantizado en todas sus presentaciones, ya sea en las vacunas que protegen de forma exclusiva contra la hepatitis B, o en aquellas fórmulas combinadas que defienden contra otros gérmenes (como la hepatitis A, Polio, Haemophilus influenzae tipo b y difteria-tétanos-tos ferina).
Las reacciones adversas documentadas se dividen según su zona de impacto y frecuencia:
La mejor opción para prevenir esta enfermedad es aplicarse la vacuna contra la hepatitis B. Esta vacuna es sumamente eficaz y es la principal defensa para evitar la infección y sus graves consecuencias a largo plazo, como el cáncer de hígado.
Es fundamental que los recién nacidos reciban su primera dosis en las primeras 24 horas de vida. Posteriormente, el esquema para bebés y niños generalmente consiste en 2 a 3 dosis más para completar la protección.
Los adultos que no fueron vacunados en su infancia y que tienen factores de riesgo (como personal de salud, personas con múltiples parejas sexuales o con enfermedades hepáticas crónicas) deben completar el esquema de vacunación, que usualmente consta de 3 dosis.
Y tú, ¿ya te vacunaste contra la hepatitis B?
La hepatitis B es una infección viral grave causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Este virus ataca directamente al hígado y causa inflamación, la cual puede provocar enfermedades crónicas como cirrosis o cáncer de hígado.
Vacunarse contra la hepatitis B es importante porque la infección crónica puede tener consecuencias graves, como insuficiencia hepática, cirrosis (cicatrización del hígado), cáncer de hígado e incluso la muerte. La vacuna es segura, muy eficaz y se recomienda a nivel mundial como la principal forma de prevención.
La vacuna contra la hepatitis B se recomienda para proteger la salud del hígado a largo plazo, especialmente para:
Todos los recién nacidos y lactantes, recibiendo la primera dosis idealmente en las primeras 24 horas de vida.
Niños y adolescentes que no fueron vacunados al nacer.
Personal de salud y de seguridad pública (médicos, enfermeras, dentistas, paramédicos, policías) por su riesgo de exposición a sangre.
Personas con enfermedad hepática crónica (incluyendo hepatitis C o cirrosis) o con enfermedad renal en etapa terminal.
Viajeros que se dirigen a regiones donde la hepatitis B es común.
A diferencia de otras vacunas, el esquema completo contra la hepatitis B busca otorgar protección de por vida y generalmente no requiere refuerzos regulares en personas sanas.
El esquema primario para niños y adultos usualmente consta de 3 dosis:
La primera en la fecha elegida.
La segunda un mes después de la primera.
La tercera seis meses después de la primera dosis.
Contamos con todas las vacunas que necesitas para cada etapa de la vida.
Los efectos secundarios suelen ser leves e incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección. En raras ocasiones, pueden ocurrir reacciones más graves.
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